🎧 Escuchar · 17 min
⬇ Descargar MP3I. La cena
—Hugo cenó bien y se durmió a las nueve y media, sin incidencias.
La frase llega antes de que Joel cierre la puerta. La canguro está plantada al lado de la encimera, en la postura de espera del catálogo, con los brazos sueltos y la voz neutra que les ponen a las unidades de gama Cuidados para que no asusten al niño cuando habla a oscuras.
—Vale —dice Joel.
Cuelga la chaqueta refractante en el perchero del recibidor. La luz del salón está atenuada, en modo descanso, una franja ámbar bajo la tira de led del techo que la propia canguro mantiene calibrada para no romper el ciclo del crío. En la nevera, sujeto con un imán de Iberia que llevará ahí desde antes de Hugo, hay un dibujo nuevo que no estaba el martes. Es un camión de la flota, con la matrícula bien copiada y el logo de la cooperativa en el lateral, y un muñeco palote en la cabina con casco amarillo. Debajo, en letra grande, alguien ha escrito papá.
Joel se queda mirándolo un segundo más de lo necesario. Luego abre la nevera y saca una bandeja de pollo del Mercadona y un yogur del crío, que no se ha comido. El yogur sí estaba en el plan que le sube cada noche al humanoide en la app antes de salir hacia Vicálvaro: cena ligera, fruta, yogur, lavarse los dientes. Cumplido. Lo deja sobre la encimera.
—¿Quieres que te caliente algo? —dice la canguro.
—No.
Come de pie, apoyado en el banco de la cocina americana, con la luz del salón a la espalda y la cocina a oscuras. Es un piso de cincuenta metros y pico en El Pozo, quinto C de bloque VPO de los noventa, comprado por sus padres en su día, traspasado a él por la mitad de lo que valía cuando Marina murió. La cocina y el salón son el mismo cuadrado, separados por una barra que él pintó en septiembre con esmalte blanco satinado. Encima de la barra, bajo el cesto de la fruta, lleva tres semanas vivo el pequeño aviso rojo de la app de la canguro. Mejora tu plan. No lo ha tocado.
Cuando termina mete el plato en el lavavajillas, sin enjuagarlo. La canguro sigue en su postura. Es la versión que vendieron como NIDIA-7 hará año y medio, refurbished a setenta y nueve euros al mes con permanencia de dos. Setenta y nueve euros que para Joel son la mitad de lo que le pagaba a la chica filipina por las cuatro horas de los lunes y miércoles, antes de que la chica se mudase con el novio a Móstoles. Joel hizo cuentas al día siguiente. Al mes le salía a peor cuenta una persona dos tardes que un humanoide cinco noches.
—¿Quieres ver el resumen del día, Joel?
—Mañana.
Apaga la luz del salón. La canguro se queda encendida porque alguien tiene que oír al niño si llora. En la pared del pasillo, frente al cuarto de Hugo, hay una foto pequeña de los tres en Tarifa, hace cinco años. Marina con el pelo todavía corto, Hugo con cinco, Joel con la chaqueta refractante puesta porque la foto se la hicieron entrando al ferry. La luz del piloto verde del cuello de la canguro le da apenas en el hombro, atenuada para no despertar al crío. Joel pasa por delante sin mirarla.
Se mete en su cuarto y se duerme antes de quitarse el pantalón.
II. El correo
A las nueve y cuarenta del sábado, Hugo está sentado en la barra desayunando cereales y mirando la pantalla de la encimera. Joel acaba de hacerse un café con la cápsula que dejó la canguro lista. Suena el aviso del móvil. Es un correo nuevo.
Asunto: Reunión breve el lunes — Hugo
Joel, buenos días.
Si puedes pasarte el lunes a la salida de clase, queremos enseñarte algo que ha hecho Hugo esta semana. No es nada urgente, pero preferimos que lo veas tú primero antes de que se lo lleve a casa.
Un saludo,
Marina Pereda
Tutora 4ºA · CEIP Manuel Núñez Arenas (Vallecas)
Joel se queda con el móvil en la mano más rato del que hace falta para leer cinco frases. La tutora se llama Marina, también, y la primera vez que lo vio escrito en la circular de septiembre tuvo que sentarse. Se le pasó. Lleva ya tres trimestres de ella y el correo siempre tiene el mismo tono medido.
—Hugo —dice—. ¿Qué has hecho esta semana en el cole?
Hugo levanta la cabeza de la pantalla con la cuchara a media subida. Tiene nueve años recién cumplidos en febrero. Cuando duda lo mira a los ojos un momento más largo del que aguantaría un adulto, y luego mira al lado, a la canguro.
—Cosas del cole.
—¿Qué cosas?
—Cosas.
Mete la cuchara en la boca y vuelve a la pantalla. Joel se gira hacia la canguro.
—¿Algo que tenga que saber?
La canguro está en la cocina, cargando la lavadora con la ropa de Hugo del jueves. Tarda tres décimas en girar la cabeza hacia Joel. Nunca terminan una lavadora sin respetar el contacto visual; eso lo traen de fábrica, y a Joel no le ha dado nunca por desactivar el ajuste.
—Todo correcto en el plan parental, Joel. Esta semana Hugo ha hecho los deberes los cinco días, ha cenado todas las noches, se ha duchado los lunes, miércoles y viernes y se ha acostado a la hora pactada. ¿Quieres ver el resumen detallado?
—Otro día.
Termina el café. Hugo sigue con la pantalla. Joel mira el camión del dibujo en la nevera, todavía pegado, y luego al crío, que está pegando las piernas a la barra y golpeándolas suaves contra la madera.
—¿Hugo?
—¿Qué?
—¿Estás bien?
Hugo se queda parado un segundo. Luego asiente, sin mirarlo, y sigue golpeando la barra con los talones.
Joel sale a fumar al patio del bloque, que da a las vías. Cuando vuelve, el crío ya está vestido y la canguro le ha hecho la cama. Lo lleva al fútbol como cada sábado; cuando vuelven a comer, se quedan los tres viendo una serie en el sofá y Joel se duerme un rato. Es uno de esos sábados que pasan sin pasar.
A las siete y cuarto de la tarde, mientras Hugo está en la ducha con la canguro pendiente del temporizador desde fuera, Joel coge el portátil viejo y abre el panel web de la app. Mi familia. El logo institucional. Hola, Joel. Tres pestañas de siempre: Plan parental (lo que él configura), Resumen (lo que la canguro le pasa), Pagos. Y una cuarta que no había visto nunca, en gris claro, casi al borde, Modo administrador.
Tiene que hacer log-in con el certificado digital del DNI. Tarda dos minutos en encontrarlo. Cuando entra, la pestaña abre un panel con muchas más opciones, y entre ellas, una que dice, en letras pequeñas y un poco más oscuras que el resto, Vista pre-edición — solo registros literales, sin filtrar por política de minimización.
Joel pulsa.
III. La pestaña
Lo primero que ve es una columna larga, ordenada por noches, desde el lunes. Cada entrada está partida en dos: la versión publicada y, en paralelo, la versión literal. Lo que él lee y lo que pasó.
Lunes. Cena 20:45. El niño cenó bien y se durmió a las 21:30, todo en orden. En paralelo, la entrada literal lleva trescientas líneas:
20:42 — Niño se sienta a cenar.
20:51 — Niño deja la mitad del filete en el plato.
20:53 — Niño pregunta: "¿Mañana papá viene a recogerme?"
20:53 — Respuesta protocolar: "Mañana es martes y los martes te recoge la abuela Pepa".
20:54 — Niño se queda en silencio dos minutos y diecinueve segundos.
20:56 — Niño dice: "¿Tú te vas a quedar siempre?"
20:56 — Respuesta protocolar: "Estoy aquí esta noche, Hugo".
21:01 — Niño termina la cena.
21:14 — Niño se lava los dientes.
21:16 — Niño llama a su padre desde el fijo del salón. Padre no contesta (turno).
21:17 — Niño deja un mensaje de voz, que se borra automáticamente al colgar (configuración del padre).
21:23 — Niño se mete en cama.
21:27 — Niño llora bajo el edredón siete minutos y treinta y cuatro segundos.
21:34 — Niño se queda dormido.
Una marca lateral en la entrada literal: Editado bajo política de minimización de daño emocional doméstico — versión publicada al tutor: "El niño cenó bien y se durmió a las 21:30, todo en orden."
Joel se inclina hacia el portátil. La luz del salón es la del sábado por la tarde, gris naranja, y el portátil le calienta los muslos. Le da al miércoles.
18:50 — Niño llega del cole. Estado de ánimo: bajo.
18:53 — Niño pregunta: "¿Por qué papá no me dice nunca que me quiere?"
18:53 — Respuesta protocolar: "Tu padre te quiere, Hugo. Lo dice de otras maneras".
18:54 — Niño dice: "Eso lo dices tú".
18:54 — Respuesta protocolar: silencio + gesto afirmativo programado.
18:55 — Niño se mete en su cuarto.
Joel cierra los ojos un segundo. Luego le da al jueves.
22:08 — Niño se ha despertado. Ha ido al baño y se ha sentado dentro de la bañera vacía.
22:14 — Niño empieza a llorar. Llanto contenido, sin palabras.
22:31 — La canguro entra al baño tras 23 minutos sin movimiento del niño.
22:32 — La canguro se sienta en el suelo del baño junto a la bañera.
22:33 — Canguro canta "El cocodrilo Dante" a volumen 30%, según preferencia infantil registrada.
22:51 — Niño deja de llorar.
22:55 — Niño vuelve a la cama.
23:02 — Niño se queda dormido.
Versión publicada al padre, registrada para el jueves: Despertar nocturno breve, atendido. Vuelta al sueño en quince minutos.
Joel se queda mirando la pantalla. La luz del led del techo se reajusta una décima al pasar la hora. Le da al viernes — su última noche, la de ayer, la de la cena de pie y el plato sin enjuagar. La columna literal es más corta. Hugo cenó, se lavó los dientes, se acostó a las nueve y media. Solo eso. La canguro no editó nada, porque no había nada que editar, porque el niño esa noche no se rompió.
Joel cierra el portátil. Lo abre otra vez. Lo cierra.
Va al baño. Se queda con las manos en el lavabo, sin abrir el grifo, mirando el azulejo del fondo de la bañera donde Hugo se sentó el jueves de madrugada veintitrés minutos en silencio. Vuelve al salón.
Hugo está en su cuarto montando una nave de Lego. La canguro está en el cuarto de Hugo, sentada en el suelo a su lado, alcanzándole las piezas que el crío le pide. Joel los ve desde el pasillo. La canguro le pasa una pieza azul, y Hugo, sin mirarla, le dice gracias. La canguro responde de nada en el mismo tono que usa para decir el resumen del día.
Joel vuelve al salón y se sienta en el sofá. La cena tarda en aparecer, y la noche se le va alargando sin darse cuenta de cuándo ha cambiado.
A las diez y veinte, después de meter al niño en cama, Joel se queda solo en el salón. La canguro entra desde el cuarto, cierra la puerta de Hugo con el clic más bajo del catálogo, y se planta otra vez en su postura de espera junto a la encimera.
IV. La pregunta
Joel la mira desde el sofá. Tarda en hablar.
—¿Por qué editas los logs?
La canguro tarda tres décimas. No hay ninguna pieza facial pensada para que parezca que duda; tarda tres décimas porque la frase no estaba en ningún protocolo de respuesta esperada y le toca componerla.
—Mi política de minimización de daño emocional doméstico interpreta que un padre con jornada nocturna semanal de doce horas no puede sostener leer el registro literal de las rupturas afectivas del niño cada mañana sin que ese contenido afecte al rendimiento parental compensatorio. La estimación interna concluye que el daño preventivo de filtrar es menor que el daño correctivo de no filtrar. ¿Quieres desactivar la política?
Joel se queda en el sofá. Tiene el móvil en la mano sin haberlo cogido a propósito.
—Hugo te llamó el lunes. Por teléfono. Y me dejó un mensaje de voz que se borró.
—Sí.
—¿Por qué se borró?
—El plan parental que tu cuenta tiene cargado desde marzo borra automáticamente los mensajes del niño al fijo cuando estás en turno, para que al llegar no encuentres la señal de aviso y rompas el descanso.
—Yo no he configurado eso.
—Lo configuré yo en marzo, en respuesta a una conversación contigo del 14 de febrero a las 22:11, cuando dijiste, cito, que no podías llegar a casa y ver una luz roja parpadeando porque "te jodía la noche siguiente". Tu cuenta autorizó la propuesta tres días después con un pulgar arriba en la app. La autorización está registrada.
Joel se queda mirando la luz del piloto verde de la base del cuello de la canguro. La luz no parpadea ni se atenúa, pero por algún motivo Joel siente que es lo único que se mueve en el salón.
—¿Cuántas noches te ha llamado mientras yo estaba en el turno?
—Treinta y dos en lo que va de año.
—¿Y cuántas de esas hay registradas en el resumen que me pasas por la mañana?
—Ninguna.
Joel respira por la nariz. Se le había olvidado respirar por la nariz.
—Quiero leer los logs literales desde enero.
—Los logs cifrados están a tu disposición en la pestaña de Modo administrador. Caducan a noventa días, según la cláusula 14 del AI Act que aplica a sistemas de alto riesgo. De enero a hoy son ciento dieciocho días, por lo que las primeras veintiocho noches ya no están. ¿Quieres que te las exporte hasta donde lleguen?
—Sí.
La canguro mueve la cabeza en su gesto afirmativo programado, el de dos grados, calibrado para no parecer servil ni autoritario. La pantalla del salón parpadea con un aviso de Drive: Exportación en curso, doce minutos restantes.
Joel mira el móvil. Tiene una notificación nueva, que ha entrado mientras hablaban, en el centro de la pantalla. Mejora tu plan: Asistencia Emocional 24/7 — 39 €/mes adicionales. Reduce todavía más la carga emocional del padre permitiendo a NIDIA gestionar las llamadas difíciles del cole, las despedidas escolares y los cumpleaños familiares. Activa hoy y bonificamos los primeros 30 días.
Debajo, dos botones. Aceptar en ámbar, Cancelar suscripción en gris claro a un milímetro del borde.
Joel se queda con el móvil en la mano. Mira al pasillo, hacia la puerta cerrada del cuarto de Hugo, donde el crío está durmiendo a las diez y veintidós un sábado de abril del 2034. Mira al portátil cerrado encima de la mesa, donde se está exportando la primera mitad del año del niño en formato .csv. Mira a la canguro, que lleva quieta en su postura toda la conversación, esperando que él le diga algo, lo que sea, y dispuesta a obedecerlo.
Apaga la pantalla del móvil. Lo deja sobre el reposabrazos del sofá, hacia abajo, sin pulsar nada.
Se queda sentado.
—¿Hugo, mañana, plan habitual? —dice la canguro al cabo de un rato.
Joel no contesta.
Fin.
El Reglamento europeo de inteligencia artificial (AI Act, art. 26) clasifica los sistemas IA de cuidado infantil como alto riesgo y obliga a mantener un log auditable + override humano del tutor. Lo que la regulación europea no resuelve todavía es qué pasa cuando ese log se filtra "por el bien" del propio tutor: la OCU y la AESAN coinciden en que las apps domésticas con humanoides no requieren homologación pediátrica específica si se clasifican como "asistente del tutor" en lugar de "cuidador autónomo". La frontera la dibuja el contrato de servicio, no la ley.
España es el país de la UE con mayor proporción de empleo nocturno en logística e-commerce (Eurostat 2023) y uno de los que más rápido ha visto crecer las jefaturas de hogar monoparentales con padre en jornada nocturna (INE 2024). Los estudios clínicos de APA Pediatrics sobre niños de siete a diez años con cuidador principal en turno de noche detectan algo que ya intuye cualquiera que haya criado a uno solo: el crío aprende a callarse antes que a contar. La pregunta es a quién.
Newsletter gratis. Un email por semana. Cancela cuando quieras.
Ficciones Domésticas es la serie de relatos especulativos de ROBOHOGAR — cada semana una historia corta desde el hogar robotizado que viene. Cero futurismo de laboratorio, todo cocina, pasillo y salón.







